la mesa se paró a saludar a un par de señoras que estaban en una de las mesas. Sin darme tiempo para acercarle la silla se sentó mientras yo le daba los buenos días.
—Buenos días; tengo hambre… ¿Qué pedimos?
Llamó al camarero y le dijo:
—Tomaremos el cordero frito… y una ensalada para compartir —dijo con decisión—. Tráiganos también agua sin gas y una copa de Ribera reserva para Mí y otra de Rioja crianza para él —concluyo señalándome con su mentón.
—Muchas gracias, Señora.
—No hay de qué… y ahora escúchame con atención porque ya he decidido que esta noche finalizarás tu castidad. Esta noche, a las 9 en punto, te vas a masturbar hasta que estés a punto de eyacular, momento en que pararás unos instantes… Luego seguirás hasta eyacular por completo y lo harás dentro de un vaso transparente. Cuando hayas terminado de vaciarte te lo bebes… hasta la última gota!!! ¿Entendido?
—Si, Señora, entendido.
—También deseo anunciarte que he decidido que hasta dentro de unos seis meses no mantendrás relaciones con mujeres, es más, solo eyacularás masturbándote y siempre -como habrás supuesto- con mi permiso expreso. ¿Entendido?
—Si, Señora.
—Una vez por semana te llamaré para que vengas a mi casa y desnudo frente a Mí te masturbarás y me pedirás, en el último momento, permiso para eyacular. A veces tendrás suerte y a veces te volverás como viniste… bueno, algo más frustrado… pero ya verás qué risas!!!
—Sí, Señora —asentí.
—Pasados esos seis meses te aparearás con un de mis sumisas… ya te diré cómo.
—Sí, Señora.
—Yo no voy a tomar postre… y tú tampoco. Me voy que tengo algo de prisa. Ya sabes lo que tienes que hacer.
Y sin más, se levantó de la mesa y se marchó. Pagué la cuenta y al dirigirme a la salida las dos mujeres que había saludado mi Señora cuando entró me invitaron a sentarme con ellas.
—Buenas tardes, señoras —dije mientras tomaba asiento.
—Hola, buenas tardes. Solo queríamos darte un recado de parte de tu Señora Skade: que no olvides grabar en vídeo lo de esta noche, ya sabes, cómo te la cascas, la corrida y cómo te la tragas al final. Ah, y que no olvides enviarle el vídeo por WhatsApp en cuanto termines. Nosotras estaremos con ella para verlo… ya verás qué risas!!!
Yo estaba entre avergonzado y sorprendido, pero reconozco que aquella escena me resultaba tan desconcertante como excitante.
—¿Has entendido, cielo? —dijeron a la vez.
—Sí, señoras.
—Pues máchate, que aquí ya no pintas nada —sentenció la misma que me había dado todas las explicaciones.
Me levanté mientras me despedía de ellas y según me marchaba pude escuchar las risa entrecortadas que me dedicaron.
