Así pues, mi nuevo calabozo era necesario, la verdad. Y es que a veces, el castigo corporal solo puede administrarse en un entorno adecuado que permita a mis sumis@s asumir nítidamente su condición, a la vez que les ayude a poder aceptar resignadamente los tormentos y las humillaciones a los que disfruto sometiéndol@s.
He diseñado personal y minuciosamente cada detalle de su interior y no he reparado ni en gastos ni en imaginación:
La correspondiente celda de inmovilización, la clásica cruz de San Andrés, mi cama personal con bajocelda o el aro de suspensión para la práctica del shibari, son algunos de los imprescindibles elementos con los que cuento para el correcto adiestramiento de mis sumis@s y, fundamentalmente, para pasar mis más placenteros momentos como Dómina.
Así que, ya sabes, si consigues superar mi proceso de admisión y entras a formar parte del selecto grupo de mis fieles sumis@s, quizá tengas oportunidad de saber de lo que soy capaz de hacer contigo entre las 4 paredes de mi nuevo calabozo ubicado en el centro financiero de Madrid…
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